Ironman Italia – Crónica Adrián Borrallo

Si te gusta, compártelo!

Lo que más me gusta de recibir nuevas crónicas de carreras es el comprobar al leerlas cómo van mejorando mis amigos.

Cada minuto que ellos recortan al crono es una motivación para mí también. Tengo que tratar de seguirlos, de no quedarme atrás.

No os voy a adelantar como le fue a Adrián y su trisuit de flamingos. No quiero spoilers en esta crónica. Pero os puedo decir que es un perfecto ejemplo de que se puede ser competitivo alternando labores de padre y triatleta, algo que nos asusta a muchos.

Algún día le preguntaré de donde saca las horas y las fuerzas necesarias, pero eso ya sería, quizás, otra entrada del blog.


INTRODUCCIÓN:

Ironman (“IM”) Italia constituye mi segunda participación en un triatlón de larga distancia.

A diferencia del IM Zurich que completé el año pasado fruto de un calentón de última hora, esta participación fue preparada durante 8 meses.

La “aventura” surge a raíz de la propuesta de mi amigo italiano Enrico, natural de la región, que vive expatriado en un rincón profundo de Canadá donde hay tan pocas carreteras que te puedes permitir salir a rodar sin el Garmin Edge.

Sabedor de mi afición por este deporte me propuso participar con el aliciente de pasar una semana de vacaciones gastronómicas con la familia por la región post carrera.

Y es que amigos, yo me apunto a un bombardeo…

La carrera tiene lugar en Cervia, una localidad costera bañada por el mar Adriático famosa por su sal, sus piadinas, y por tener un laberinto de calles que se traga a los turistas que no llevan navegador en el coche.

Es la primera vez que se celebra un IM en Italia.

Tras 9 horas de trayecto en coche embutido en pantorrillas y calcetines de compresión llegamos a Cervia dentro del horario previsto.

Ethan, mi hijo de 22 meses, se ha portado como un campeón y nos ha permitido hacer las paradas justas.

 

DÍA PREVIO:

Por la mañana hago una hora de rodaje suave en bici antes de que los italianos tomen la carretera. Tras el largo trayecto en coche es fundamental soltar las piernas y activar la musculatura asi que salgo pronto ya que no soy fan del estilo de conducción italiano y me fio poco de su respeto al ciclista.

Tras el paseo en bici y un segundo desayuno, vamos a registrarnos.

Por motivos prácticos, en esta carrera por primera vez me llevo la bicicleta y la equipación para hacer el check-in nada más concluir el registro.

Normalmente regreso al hotel para llenar las bolsas de transición tranquilamente, pero opto por esta opción para “ahorrar tiempo” y tener un día algo más relajado en la playa con la familia y amigos.

Tras dejar las bolsas, podemos comprobar, como ya me había anunciado en Instagram @CharlesHunk, que el área de transición es infinita.

Solamente tres filas de bicis para acomodar a 2.584 participantes. Traducido al cristiano, 700m de recorrido desde la carpa de transición hasta la zona de montaje.

Aquí comienzan mis dudas sobre cómo plantearme el proceso de transición. Normalmente me calzo las zapatillas de bicicleta en la carpa de transición (muy principiante, sí lo sé…) pero en esta ocasión, me parece arriesgado correr 700m con ellas, no sólo por miedo a resbalarme sino por romper las calas.

Dicen que en carrera no hay que experimentar, pero me planteo seriamente aplicar la “técnica pro” y enganchar las zapatillas a los pedales y calzármelas en marcha.

Tengo la suerte de que mi “parking” de bicicleta está al lado de un baño portátil, lo cual me facilitará mis transiciones. El sol pica así que al colocar la bicicleta reduzco la presión de los neumáticos para evitar que no estallen por el calor.

 

IM Italia

Toda una leyenda de IM… y Paul Kayes de fondo 🙂

Tras el “check-in” nos dirigimos al “briefing” de atletas. Hoy presenta Paul Kayes, “La voz de Ironman” y la carpa esta abarrotada.

En seguida podemos comprobar por qué este señor es la voz. Todo un espectáculo animando al publico que grita y aporrea las mesas como si estuviéramos en La Bombonera.

Paul nos anuncia lo que todos sabemos, que la transición es muuuuuuuuuy larga. Muuuuuuuuuuuy larga. Haremos un swim-run-bike-run-run. Creo que quieren hacer la competencia a la Superleague Triathlon.

Y como bonus, nos comunica que el segmento de bici es de 185km, es decir, 5km más que la distancia estándar.

Ironman Italia

 

Ya en la playa hacemos un baño de activación sin neopreno. La temperatura es agradable pero no lo suficientemente cálida para aguantar más de una hora nadando. El mar está algo revuelto y la visibilidad es equiparable a la de nadar en un lago, o sea casi nula.

Mientras nos secamos, en la playa hacen la prueba de sonido de los altavoces. Suena una música propia de una banda sonora, que no sé si me evoca a gladiadores yendo a la batalla final o a cerdos yendo al matadero.

Ya en casa antes de salir a cenar preparo la equipación así como la hidratación y nutrición para la carrera. De esta manera tengo tiempo para repasar mentalmente todo durante la cena e irme a la cama tranquilo de que no me olvido nada.

Me doy cuenta de que me falta un gel de cafeína para mañana. Decido sacrificar el que me iba a tomar antes de la natación y reservo los dos que tengo para los segmento de bicicleta y carrera a pie.

Para mi alegría, por la noche cenamos en un restaurante donde servían comida italiana sin gluten, un privilegio difícil de encontrar para los celiacos que residimos en Suiza.

Opto por cenar a lo Rafa Nadal en Roland Garros y me pido una pizza en vez del típico menú rico en carbohidratos (pasta o risotto).

 

“RACE DAY”

Abro los ojos. La oscuridad es total pero tengo tal apretón en el estómago que doy un brinco al baño con la mala suerte de que tres minutos después, en plena faena, comienza a sonar la alarma despertando a mi familia… Son las 5 de la mañana.

La noche ha pasado rápida pero no estoy seguro de cuánto habré dormido. He pasado toda la noche con la cabeza embriagada de triatlón.

Curiosamente, el año anterior dormí como un lirón ya que no tenía ninguna expectativa sobre mi primer IM. Pero este año había mucho entreno detrás y, como consecuencia, muchas especulaciones internas sobre el resultado que podría obtener.

Por primera vez en la temporada, mi entrenador se mojó dándome sus estimaciones, conservadoras a mi parecer.

A diferencia de otras ocasiones donde desayuno un “Chrissie Wellington” (cuádruple campeona mundial de Ironman que desayunaba arroz con aguacate el día de la carrera), esta vez opto por mi desayuno tradicional de los sábados previos a la tirada larga de bicicleta que consiste en copos de avena con miel y tostadas de Nutella.

Tras desayunar preparo los bidones con los geles diluidos y aminoácidos, la bebida isotónica y repaso otra vez la lista de accesorios que debo llevar al área de transición para meter en las bolsas y la bicicleta.

 

Ironman Italia

Aquí se ve “claramente” que te faltaba un gel 😉

 

Llegamos a la zona de transición a las 6.30, 1 hora antes de la salida de los “pros”.

Tras rellenar y comprobar las bolsas de transición, finalmente me siento iluminado y encuentro una solución salomónica para la transición a la bicicleta.

Decido enganchar las zapatillas en los pedales y cuando llegue a la bicicleta, las desengancho y me las calzo.

De la bicicleta al área de montaje hay unos 100m así que me parece una solución prudente. Así, evito los riesgos de correr 600m con zapatillas así como un potencial incidente en la bicicleta.

Nada más dirigirme a la salida de transición para encontrarme con Enrico, un danés simpático con una bicicleta más apropiada para hacer L’Eroica que un IM (retro con marchas en el cuadro, las barras aero orientadas hacia el suelo (!?!?!), y ruedas de perfil de la época de Perico Delgado) me pide mi bomba de aire.

A pesar de que la organización proporciona bombas de aire, yo siempre llevo la mía para evitar colas y problemas por no saber usarlas.

Mi bomba tiene la particularidad de que, en vez de engancharse a la válvula, se enrosca. Con este señor, tengo la mala suerte de que tras hincharle la rueda delantera, cada vez que desenrosco la bomba su extensor de válvula se atasca y desenrosca a la vez, con lo que su rueda se desinfla por completo.

Afortunadamente, soy capaz de enroscar el extensor en la válvula de la cámara sin tener que desmontar la rueda.

Tras tres intentos infructuosos de hinchar la rueda, y con el pobre señor al borde un infarto, pido una bomba de aire a otro participante y solucionamos el problema. Uffff!

NATACIÓN:

Ya en la playa no puedo dejar de admirar la salida del sol. Las tonalidades naranjas del cielo me recuerdan mucho a mi primer 70.3 en Barcelona en 2015.

Ironman Italia

Esperando la salida. Esos momentos en los que no sabes si reir o llorar.

 

Me pongo el neopreno con cuidado, untándome bien cuello y extremidades con vaselina para evitar los incómodos roces.

El neopreno de Enrico es del año 2005. Me sorprende que se haya conservado tan bien durante más de una década. ¿Deslizará bien con tecnología tan obsoleta?

Me tomo un plátano, bebo algo de isotónico mientras Enrico come algún tipo de plasta casera envuelta en papel Albal.

Tras un breve contacto con el agua para activar el cuerpo me coloco al principio del cajón de salida de 1h10’ – 1h’20’. A pesar de que estimaba tardar algo menos de 1h10’ prefiero salir sin tráfico y coger mi ritmo.

BANG! Pistoletazo de salida para los pros!

Pasa una media hora hasta que mi grupo sale y en este tiempo aprovecho para calentar brazos, piernas y articulaciones.

La orilla tarda en coger profundidad obligándonos a correr unos 50m antes de comenzar a nadar.

Me posiciono en un buen carril que me permite coger ritmo evitando a posibles “Materazzis del triatlón”

El agua está agradable pero turbia. No obstante hay menos oleaje que el día anterior lo cual facilita la orientación para seguir el trayecto más directo a las boyas. La natación transcurre sin sobresaltos y con los rayos del sol penetrando el agua experimento un momento espiritual similar al vivido en IM Zurich.

Relacionado: Iroman Zurich 2016 – Crónica de Adrián Borrallo

A los 2.2km toca salida australiana mediante la cual corremos un breve tramo en la playa antes de meternos de nuevo en el agua para completar lo que queda hasta los 3.8km.

Esta modalidad es cada vez más popular en los IM ya que contribuye a dar espectáculo para el público. En este “intermedio” me veo corriendo bastante entero sin los mareos ni calambres en piernas que he sufrido en anteriores carreras.

Una vez en el agua completo el resto del segmento bien, disfrutando mucho.

Ironman Italia

  • Tiempo final: 1h 6’26”
  • Ritmo de 1’43”/100m
  • 786° del ranking general.

Transición 1:

Tras correr 300m en la playa y ya en la carpa, comienzo el ritual de T1 de quitar neopreno -> limpiar pies de arena -> poner casco -> poner gafas de sol -> fijar dorsal, para seguidamente correr otros 600m hasta mi bicicleta.

Ironman Italia

Esos Flamingos causando sensación!

Al desenganchar las zapatillas de los pedales tengo la mala suerte de que pulso el botón del reloj con el plato de la bicicleta activando el segmento de bici antes de tiempo.

No hay carrera donde no tenga problemas registrando los tiempos!!

BICICLETA:

Este segmento comienza movidito.

Primero, porque con el “pánico del reloj”, pulso otra vez el botón por confusión. Ya se ha ido el registro de la carrera a la mierda (perdón)!

Ya sabes triatleta, si no grabas tu sesión en Strava no cuenta…

Reseteo el reloj y santas pascuas.

Una vez solucionado este incidente tengo la mala suerte de que en la segunda curva del pueblo, en una zona con asfalto para motocross, se me cae un bidón al suelo.

Afortunadamente reacciono bien y paro a recogerlo sin provocar ningún accidente.

Dada mi condición de celiaco, perder un bidón con sus valiosos hidratos de carbonos diluidos supondría comprometer mi rendimiento en carrera por falta de gasolina.

 

Ironman Italia

 

Al poco de salir de Cervia comienza un tramo pintoresco donde cruzamos los campos de sales.

Me vienen recuerdos de las Salinas de Ibiza, y por asociación, imágenes de mi amigo “the one and only” bailando encima de las mesas de Formentera. En seguida me quito estos pensamientos festivos.

Hoy la fiesta va de otro rollo. Es el “Sufferfest”.

Durante los primeros 30km hay muchos pelotones de 10-20 ciclistas lo que dificulta adelantar a veces.

Algún que otro participante aprovecha para “felicitarme” por mi “estiloso” tritraje de flamingos

 

Ironman Italia

 

Me noto fuerte y alcanzo buena media de velocidad sin pasarme de pulsaciones. Adelanto a muchos participantes hasta que finalmente puedo circular algo más relajado al llegar a un tramo de 10km en autopista. Se me hace surrealista rodar aquí sin coches.

A mitad de la primera vuelta toca el único tramo “duro” de 6km. La subida al pueblo de Bertinoro que acaba en un puerto de 2km categoría 4 (según Strava) y supone una ascensión de 134m con un desnivel medio del 6% (con picos de 13%).

Tras coronar el puerto comienza el regreso a Cervia.

Esta segunda mitad de la primera vuelta se me hace dura. Siento la cabeza pesada y tengo mucho sueño. Me acuerdo del dichoso gel de cafeína que tuve que sacrificar antes de la natación.

Me planteo retirarme al llegar a Cervia. Es la primera vez que tengo semejante sentimiento en carrera.

Desecho esta idea inmediatamente. Han sido muchos los sacrificios para llegar hasta aquí.

A pesar de esta negatividad y fatiga logro mantener una buena velocidad media hasta Cervia y procuro respetar la rutina de hidratación (cada 12 minutos) y nutrición (una barrita energética cada 55km).

Ya en Cervia logro identificar a mi mujer e hijo animándome entre el público.

Siento fuerzas renovadas. Tirar la toalla sería una falta de respeto hacia ellos que han sido los que se han visto privados de pasar más tiempo conmigo por culpa de mi pasión por este deporte.

Las fuerzas renovadas son efímeras y al poco de salir de Cervia flojeo otra vez. Cada vez me cuesta más acoplarme a la bicicleta y para colmo se ha levantado mucho viento.

Es de esos días en los que vas en bicicleta y no importa qué dirección tomes que el viento siempre te viene de cara.

La vejiga me va a reventar y tras mucho aguantar con la esperanza de encontrar un baño portátil, paro y suelto lastre corriendo el riesgo de ser amonestado por un arbitro.

De vuelta en la bicicleta con la vejiga vacía me noto más ágil para pedalear e irónicamente, al kilometro de haberme parado, me cruzo con el dichoso baño portátil que tanto añoraba…

La segunda subida a Bertinoro se hace dura a pesar de que delante mía tengo a una triatleta italiana buenorra que me alegra la vista. A la chica le gusta llamar la atención y no se corta para animar a sus fans.

Los últimos 45km del segmento se hacen eternos. Decido tomarme la mitad del gel de cafeína que tenía reservado para los últimos 5km del segmento. No me ayuda mucho. El dolor de espalda y de hombros me impide acoplarme durante la mayoría del tramo de regreso.

Pierdo algunas posiciones pero a pesar de mi desventaja aero, la velocidad media no se resiente mucho.

 

Ironman Italia

  • Completo los 185km en 5h34’05”
  • Velocidad media de 33km/h.
  • He escalado 137 puestos para colocarme el 649° de la clasificación general.

Relacionado: Maratón de Jungfrau (otra crónica de Adrián)

Transición 2:

Al igual que con la bicicleta comienza movidita.

Recordáis lo que comentaba al principio de que una regla de oro del triatlón es no experimentar en carrera. Pues ni corto ni perezoso decido probar a quitarme las zapatillas en marcha. Como era de esperar, calculo mal y llego a la zona de desmontaje con un pie calzado. Por suerte no me caigo y logro desengancharme antes de traspasar la línea y cometer una infracción.

 

Ironman Italia

¡Eso se llama apurar hasta la misma raya!

 

De fondo oigo a mi mujer e hijo animando pero en esta situación delicada no logro corresponderles con un saludo. Espero que no se hayan enfadado.

Una vez colgada la bicicleta hago buen uso del baño portátil para correr más ligerito. En la carpa me masajeo las plantas de los pies que me duelen bastante por las zapatillas de bicicleta y me pongo los calcetines con cuidado para evitar que me salgan ampollas por rozaduras.

 

CARRERA:

Los primeros metros transcurren con sensaciones inmejorables.

 

Ironman Italia

 

Tras el tute en la bicicleta no noto las piernas muy pesadas y lo mejor de todo, no tengo calambres. Corro los tres primeros kilómetros relativamente rápido a pesar de intentar contenerme.

Veo a muchos participantes andando y estirando. Siento algún que otro pinchazo en las rodillas. Bajo una marcha y paso a modo “hormiguita”. Voy a ritmo cómodo. El pulsómetro confirma las sensaciones.

Las calles están abarrotadas…

Estos “tifosi” son la pera! Me siento como Sergio Ramos bajando por la Castellana en bus con las Champions League a hombros.

La temperatura es muy agradable y por suerte los edificios nos protegen del viento.

A pesar de ir a un ritmo conservador, me pesa la cabeza. Tengo sueño y siento que si me paro en un avituallamiento, corro el riesgo de que mi cerebro se ponga en “off” y no pueda correr otra vez.

Vuelve la negatividad y con ello las preguntas de siempre:

  • …¿por qué haces un Ironman?
  • …¿por qué este afán de sufrir?
  • …¿tantos sacrificios para vivir este calvario?

Alrededor del km 2,5 recojo la primera pulsera. La primera de cuatro pulseras de colores que me darán acceso a la alfombra roja de meta.

La maratón se va a hacer larga.

Es en este segmento en mi opinión, donde reside la esencia del Ironman. Has nadado 3,8km y pedaleado 180,2km (en Italia +5km de propina) y ahora te toca correr una maratón.

Recuerdo la sensación de “uaaaaalaaaaa” (en honor a mis compatriotas catalanes) que tuve en IM Zurich mientras unas voluntarias me ponían crema solar antes de correr. No terminaba de asimilar que tras 7 horas y pico de competición me iba a cascar mi primera maratón urbana.

En este segmento la faceta mental prima más que la física.

Hay que ser cabezón y decirse que “por mis cojones lo acabo”. Combatir el cansancio, las molestias y los dolores con pensamientos positivos, idas de olla mentales (¿qué se me hizo más duro, asistir a las 13 horas de parto de mi hijo o esta carrera?), absorbiendo el buen rollo de la gente y sobre todo admirando a otros atletas. Septuagenarios, gente obesa, discapacitados…

Por su coraje y sus ganas me quito el sombrero.

También ayuda fragmentar el objetivo en trozos. En mi caso, más que las pulseras se trataba de ver a mi mujer e hijo en cada vuelta y darles un beso.

¡Y es que mi hijo es un crack!

Ironman Italia

IronFamily: Anna-Marie, Ethan y Adrián

 

Un fanático de las “baish” (léase bicicleta en inglés) que no se echó su siesta sagrada para poder animar a su padre (un hortera vestido de flamingos que llevaba un cinta en la cabeza más propia de un herido de guerra que de un atleta).

 

Ironman Italia

Cada vez que me veía comenzaba a dar palmadas y a gritar “Pa-pa-pa-pa”.

¡Un fenómeno! A riesgo de sonar cursi he de confesar que mi amor por él creció exponencialmente esa tarde.

Con todo y con eso las vueltas se hacen largas. La temperatura baja bruscamente cuando el sol se esconde. Empiezo a tener frio, sobre todo en el cuello y la espalda baja por culpa de haberme estado mojando con esponjas. Realmente esta tarde no las necesito pero las uso por la costumbre de otras carreras.

Los últimos 3km decido apretar. Igual es tarde pero quiero ver cómo responde el cuerpo. Me noto fuerte. El ambiente es brutal. Al llegar a la alfombra roja, por primera vez decido bajar marchas y disfrutar del público.

Me acuerdo de mi madre que con toda seguridad habrá estado siguiéndome en Internet.

Hago un “Angry Bird parade in Chatanooga” (imito la entrada de Daniela Ryf, triple Campeona del Mundo de Ironman y vecina de Solothurn, al ganar el Campeonato del Mundo de 70.3 en Chatanooga, EEUU en 2017) por el que voy zigzagueando de un lado al otro de las vallas chocando los cinco con el público.

 

Daniela Ryf

Daniela Ryf (“Angry Bird“) en Chatanooga

 

Al llegar a la altura de Paul Kayes me paro, le miro a los ojos y me señalo al dorsal.

Las palabras que salen de su boca son celestiales:

“ YOU-ARE-AN-IRONMAN”.

Cruzo la meta con los brazos en alto en 3h49’25” a una media de 5’26”/km, posición 407 de la general.

Tengo a dos mentecatos de participantes parados en medio del arco comprobando sus relojes que me estropean la “photo finish” con la que pretendía hacer un poco de postureo en Instagram.

 

Ironman Italia

Conclusión de mi Ironman Italia:

Ironman Italia

Finalizo IM Italia con un tiempo total de 10h44’05”, posición 470 de 2.584 participantes.

Mi tiempo es mejor que lo que estimaba mi entrenador pero algo peor que mis expectativas.

No obstante, estoy muy contento ya que ejecutar una carrera de esta duración a la perfección es muy difícil.

En particular, estoy muy satisfecho con la estrategia de hidratación y nutrición (exceptuando el gel de cafeína que faltaba). No tuve ni calambres, ni hambre, ni problemas estomacales.

A nivel personal me quedo con una espina clavada, la sensación de haber podido dar mucho más en la carrera a pie.

 

Ironman Italia

 

El hecho de sentirme recuperado y con hambre de triatlón a los tres días de completar este carrera refuerza esta sospecha.

Ver participantes derrumbarse en la carrera a pie me impactó negativamente. Tengo que aprender a tolerar en competición los niveles de sufrimiento que he experimentado en un “brick” duro.

Según acababa esta crónica me cruce con una frase que resume muy bien mi sentimiento:

“The ability to dig deep within oneself is what differentiates a finisher from a competitor”

(La capacidad de cavar profundo en uno mismo es lo que distingue a un competidor de un finisher).

Sí, soy finisher.

Pero todavía no me siento competidor en la modalidad de larga distancia. Anhelo entrar en meta “vacío”, con la tranquilidad mental de haberlo dado todo.

 

Ironman Italia

 

La primera edición de lM Italia ha sido un éxito, un circuito precioso con un público sobresaliente.

Esta carrera concluye mi temporada 2017 de triatlón. Un año donde siento que he progresado notablemente como atleta.

Quiero dar las gracias a mi mujer Anna-Marie y a mi hijo Ethan por su apoyo incondicional.

 

IM Italia

 

A mi entrenador Dani Rodriguez de Personal Running por haber sabido gestionar bien mis virtudes y/o defectos para llegar en las mejores condiciones posibles a las carreras evitando lesiones, así como por haberme enseñado a disfrutar más de este deporte.

A mi amiga Pat por las pedazo de fotos (usadas en esta entrada) y a Enrico por haberme embaucado en esta experiencia, así como por la fiesta gastronómica a la que nos sometimos durante las vacaciones que siguieron.

¡No puedo esperar a organizar las siguientes vacaciones con vosotros!

 

Ironman Italia

¡Enrico, contigo empezó todo!

Aprendizajes que me llevo para futuras carreras:

  1. Me sienta bien tomar plátano y/o gel de cafeína y unos botellines de iso y agua antes de nadar, así como correr un poco para evitar calambres;
  2. En el segmento de natación, colocarme en el cajón de 60’-70’ para intentar seguir pies, esperar menos desde que salen los pros, y tener menos trafico en la bicicleta;
  3. Llevar un par de geles más de cafeína para evitar potenciales bajones;
  4. Usar cordones elásticos en las zapatillas. En esta carrera se me deshicieron en una zapatilla con la consiguiente pérdida de tiempo.
  5. Usar calcetines finos y vaselina para evitar ampollas
  6. Evaluar uso de un tritraje de dos piezas dado mi vejiga
  7. Se confirma que estas carreras me abran el baúl de los recuerdos de otros episodios de mi vida
  8. Las ventajas de usar material de última generación son relativas. Enrico nadó en 52’… crack!

IM Italia


Me quito el sombrero por la carrera de Adrián que demuestra que su esfuerzo ha dado su fruto.

Recordar que en su otra crónica (que hemos publicado aquí), habla de cómo hasta hace muy poco estos Ironman eran algo inimaginable para él, algo reservado para locos embutidos en medias de compresión y piernas depiladas.

¡Pues ya lleva dos completos y cinco 70.3!

Que nos sirva de ejemplo de lo importante que es la cabeza en la larga distancia.

Me sorprendió mucho el leer que durante el sector ciclista, Adrián tiene serias dudas de si vale la pena someterse a este martirio e incluso llega a pensar en retirarse de la prueba.

Decide seguir adelante y cruza la meta mejorando en 1h 10min el registro que hizo en Zurich hace poco más de un año y siendo el 470° de 2.584 triatletas.

Y es que en un Ironman, lo que separa el infierno del cielo es una línea extremadamente delgada.

Os dejo unos enlaces a sus redes sociales:

Si te gusta, compártelo!

Strade Bianche Gran Fondo 2017 – Crónica de Aitor Henao Soto

Si te gusta, compártelo!

Strade Bianche Aitor

 

 

“Creíamos saber mucho, pero no sabíamos nada” (Orham Pamuk, escritor).

 

Todo, absolutamente todo en esta vida depende del cristal con el que se observe.

Es por ello que una misma experiencia puede tener tantas versiones como gente haya pasado por ella.

Fuimos cinco los que tomamos la carretera que une Zurich con Siena y cuando leo las crónicas de los demás me doy cuenta de cómo los matices se suavizan o se acentúan dependiendo de quien los cuente.

Qué mejor forma de demostrar esta teoría que publicar varias versiones de un mismo día, la misma carrera, la misma lluvia pero visto por diferentes ojos y sufrido por diferentes piernas.

 

RELACIONADO: Strade Bianche Gran Fondo 2017 – Alfredo González

 

Es el turno de Aitor y su relato de como sobrevivimos (por los pelos) a la famosa Strade Bianche Gran Fondo.

A partir de ahora es su palabra y no la mía la que os cuenta nuestras venturas y desventuras vividas en la Toscana italiana.


Strade Bianche Gran Fondo 2017 – Crónica de Aitor Henao Soto

 

La verdad es que si miro hacia atrás y veo lo conseguido para después mirar hacia adelante pensando en todo lo que está por llegar en los próximos meses… esto es de locos.

 

  • Spartan Races de cualquier categoría; Beast/Super/Sprint (con victoria en una Beast (Barcelona 2014).
  • Maratones y medias maratones.
  • Ironmans (medios y enteros).
  • Clásicas de bici extremas para un aficionado como yo (Gran Fondo Strade Bianche, Siena).
  • Swissman Extreme Triathlon del que pronto tendréis la crónica y es sin lugar a duda uno de los triatlones de larga distancia más duros que existe, formando parte de la mítica trilogía junto con CELTMAN y NORSEMAN)
  • Repetir el IronMan Suiza (Zurich) dentro de 1 mes y que el año pasado logré terminar sin llegar al límite.
  • Con la mente ya puesta en 2018 con otras locuras (Tortour Challenge en Suiza y Ultra Tri en España.

 

Son sin duda los años mas intensos en mi vida en lo que a practicar deporte se refiere y todo de golpe.

Aunque mi mayor logro en todo esto ha sido la amistad.

La amistad forjada a base de risas, sufrimiento, entrenos, cosas de las que uno tiene que dejar de lado para poder prepararse una prueba de estas características con no solo uno, sino diversos grupos de amigos/as de diferentes deportes (crossfit, bici, running) que hoy en día tengo y procuro mantener con todos ellos/as.

A ellos les debo la mayoría de mis logros por ayudarme a prepararlos directa o indirectamente.

 

 

 

Y hablando de preparación, tengo que admitir que a la prueba de la que os voy a hablar ahora no fui preparado ni física ni mentalmente y por eso estará siempre en el pódium de los retos mentales más grandes a los que me he enfrentado como aficionado.

 

“Fallo Principal: La ignorancia”

Después de hacer una inscripción a una tal “Gran fondo Strade Bianche” la verdad es que me quedé tan ancho.

Para mí era una competición como cualquier otra pero con alguna que otra particularidad.

Era la primera vez que competía solo con la bici ya que hasta ahora siempre lo había hecho como una disciplina más del triatlón. O incluso había competido solamente en alguna de las otras dos disciplinas; solo carrera o solo a nado, pero nunca solamente bici por lo que era algo nuevo para mí.

Lo tomé, por lo tanto, con calma. Eran solo 130 km de bici y nada podía ir tampoco tan mal ya que había sobrepasado esa cantidad de kilómetros en incontables e innumerables veces durante mis entrenamientos.

Viendo el perfil de la carrera la verdad es que no me hizo cambiar mucho la idea. Se veía irregular pero sin ninguna cota por encima de los 400 metros de altura (370 para ser exactos).

Algo muy alejado de lo que realmente nos esperaba en Siena… magnífica ciudad por cierto.

 

Clasica Gran Fondo

 

Viernes, viaje a Siena.

Salimos en furgoneta los cinco (Angel, Alfredo, Diego, Carlos y Yo) desde Zúrich a media tarde y llegamos a Siena pasada la media noche.

No estábamos cansados y no puedo achacar el resultado de la carrera al viaje ni mucho menos.

Después de muchas risas y unos cuantos kilómetros al volante (Angel y yo somos los conductores oficiales de los trips que nos marcamos) llegamos a Siena y entre dejar las cosas en el apartamento, pitos y flautas teníamos hambre, así que “birra e pizza” a la 1.30 de la madrugada.

 

Strade Bianche Italia

 

Como no, siempre guardando tener una dieta equilibrada y mantener el estómago atento antes de una carrera 😉

 

El sábado (día antes de la carrera)

Este día fue de reconocimiento.

Reconocimiento de que nos iba a llover a cántaros durante el día de carrera así como ya lo estaba haciendo ese mismo día, así que decidimos ir a buscar los dorsales y así de paso veíamos un poco la ciudad, el ambiente (fantástico), la salida de los profesionales, en fin, lo que se dice entrar en caliente.

Pero de caliente nada, hacía frío, frío de pelotas. Aunque siendo realistas, todavía ninguno de nosotros sabía lo que nos esperaba.

Volvimos a casa dejamos los dorsales y demás parafernalias y nos dispusimos a salir a pedalear un poco para desentumecer las piernas.

Pues fue salir y empezar a llover aunque no creo que realmente nos molestara a ninguno, más que nada porque sabíamos que al día siguiente llovería.

Fue una buena prueba para saber si pasaríamos mas o menos frío o que chaqueta nos íbamos a poner y por ello no nos quejamos mucho en primera instancia.

Este sería, por cierto, el único momento que Carlos estaría montado en bici junto a nosotros ya que por un problema pulmonar no podía competir aunque por suerte pudo pasar la inscripción de esta carrera a la edición del próximo año.

Para animarle, además de que el fin de semana estaba siendo muy divertido, todos decidimos volver el año siguiente con él. Claro que nosotros todavía no habíamos ni empezado la carrera y no sabíamos donde nos habíamos metido.

 

Gran Fondo

 

La salida fue corta ya que además las carreteras estaban cortadas y no pudimos rodar como hubiéramos querido así que después del chaparrón y llegar a casa empapados tras apenas 10 km de bici, hicimos siesta y fuimos a cenar a lo que recuerdo un restaurante GENIAL pero sobre todo a disfrutar de la compañía de todos y cada uno de nosotros.

Muchas risas.

 

Domingo (día de la carrera)

La noche anterior ya habíamos preparado las bicis y las equipaciones.

Ángel, que es el profi del grupo (además de trabajar como mecánico de bicis), revisó la bici y me aclaró alguna que otra cosa sobre como rodar en las bajadas con tierra.

¡Ah!, ¿que no os lo había contado?

Bueno, pues resulta que la Gran Fondo Strade Bianche es una carrera en la que no solamente se corre sobre asfalto.

No, no, también sobre tierra y gravilla que con el diluvio que tuvimos el día anterior o el mismo día de carrera, esa tierra se convirtió en puro barro así que ya os podéis ir haciendo una idea de lo divertida e interesante que se ponía la historia.

Cada uno con sus rituales, yo me había preparado todo la noche anterior y algunos lo hacían por la mañana, pero todos estábamos listos después de un cappuccino y corneto di nutella en la línea de salida.

 

Cicloturista

 

TRAMO 1 – La salida, las risas y el saber que llegaríamos a casa llenos de barro.

Llovía a cantaros, estábamos empapados de los pies a la cabeza y además hacia frío.

Respeto increíble a una salida con tantísimo ciclista.

El primer miedo es si con tantos al lado podría caerme, que si van muy juntos, que si la primera curva, etc…

De nuevo, el fallo principal, la IGNORANCIA e INEXPERIENCIA.

Pues para mi sorpresa, nada de eso, juntos sí pero nada de accidentes y con mucho más sitio del que uno se piensa.

Un ambientazo increíble.

 

Los primeros 10 Km hasta que sales de Siena transcurren con tranquilidad. Incluso Ángel está todavía con nosotros antes de poner el cohete y desaparecer entre la multitud de delante y del cual no sabríamos nada hasta llegar de nuevo a Siena.

 

Clasica de primavera

 

Luego nos contaría la gran remontada que hizo y lo cierto es que hizo un tiempazo pese a empezar la prueba con problemas estomacales.

Como os contaba, creo recordad que los primeros 15-20 km transcurrieron bastante rápido, sin problemas, expectante de llegar a un tramo de tierra.

Cuando llegamos por fin, se trata de una recta de tierra mojada en la cual empezabas a hacerte una idea de lo “limpito” que llegarías a la meta.

Las risas abundaban entre los participantes, corríamos en pelotón y sin prisa pero sin pausa la carrera nos guió hasta una ligera subida prolongada que termina con el primer avituallamiento en lo alto de una colina.

Aquí la gente no cogía alimento, bebidas y se iba, no, no, “alla italiana” todos en medio y sin dejar pasar a los demás, teniendo que aparcar las bicis en el otro lado incluso del arcén.

Hasta aquí sin problemas. Todo va funcionando bien, las ruedas, alimentación, geles, etc…

Tomo una pastilla de sal ya que sudaba mucho al llevar una chaqueta técnica para la lluvia que no transpiraba nada de nada y de lo que aprendí algo:

“NUNCA MAIS chaqueta que no deje transpirar una pizca”

Gracias igualmente a mi amigo Diego que por problemas de indecisión sobre que chaqueta ponerme de las que había llevado, me dio a elegir una chaqueta de su equipo.

Si volviese atrás, no sabría qué hacer, quizás es mejor pasar algo de frío e ir menos abrigado ya que yo iba como una bola de nieve, o así me sentía con tanta capa.

 

Marcha cicloturista

 

 

TRAMO 2 – La lluvia, el paisaje y el comienzo del infierno.

En este momento esperando a Alfredo y a Diego decidimos estar juntos toda la carrera, no separarnos por más que 2 minutos de vez en cuando. A partir de entonces, dependiendo del perfil de carrera, nos íbamos esperando.

Este es el panorama a estas alturas de carrera; granizo, barro, lluvia a más no poder, subidas factibles pero en un terreno de gravilla y barro que te obligan a estar al 150% concentrado en cada surco, cada piedra, cada charco…

Habiéndole visto las orejas al lobo ya no quedaba otra que pedalear y tratar de disfrutar la prueba en la medida de lo posible.

Y así lo hicimos… hasta el km 75-80.

Justo antes de llegar a este punto de la prueba, recuerdo llegar al tramo de “las colinas”. Campo a través, preciosos árboles alineados a ambos lados de la carretera con viñedos increíbles, olor a romero…

En este momento salió el sol, en los que seguramente fueron los kms más bonitos de toda la carrera.

El terreno era de continuas subidas y bajadas, alguna de ellas pronunciadas pero nada que no fuera factible ni por fuerzas ni por ganas.

Aunque otra lección que aprendí en Siena es que aunque te sientas bien, tanto sube y baja (aunque no vayas al límite, pedaleando al 70%) pueden pasarte factura si viene lo que venía después.

Como os decía antes, nos vamos acercando al crítico km 75 – 80 en donde se sitúa el segundo avituallamiento encima de una colina.

Ahí es donde comienzo a notar que el terreno irregular, la lluvia, el frío, las colinas y los sube-baja habían hecho mella en mis piernas.

Empecé a ir con el pulso muy alto en algunas de las siguientes subidas y necesitaba como agua de mayo llegar a este avituallamiento aunque empezaba a ser consciente de lo mucho que me iban a pesar los próximos 50 km.

A todo esto, en la memoria siempre me quedara el caballito en una rampa pasando a Dieguito consiguiendo sacarle una sonrisa (con “R”) en plena cuesta de tierra mientras intentábamos seguir el ritmo de Alfredo que en las subidas iba más suelto que nosotros.

Aquí voy a hacer un paréntesis y daros algunos datos.

2100 metros de ascenso acumulado distribuido en colinas de no más de 370 metros de altura, para que os hagáis una idea. Es decir, cortas y muchas pero matonas.

Algunas de ellas, incluso para bajarse de la bici, como os contare en la 3ª parte. Y no fui el único, no.

A partir de este agradecido avituallamiento, que sería el último si la memoria no me falla, fue cuando empezó la Gran Fondo Strade Bianche y el reto mental más fuerte al que yo me había enfrentado encima de una bici.

En ninguna salida en grupeta de esas de hacer montón de kilómetros (160- 200), ni siquiera en un Ironman me había encontrado así aun sabiendo que después me quedaba correr una maratón.

 

Strade Bianche Siena

 

TRAMO 3 – 5:55:21

En la carrera yo me iba viendo solo, cuando digo solo me refiero a las grupetas con las que habíamos rodado (a un ritmo más alto del que debiéramos) en la segunda parte de la carrera.

En los tramos de carretera y aprovechando el rebufo de otros ciclistas fuimos inconsecuentes con la velocidad.

Todavía escucho a Alfredo decir;

“Estamos pedaleando a un ritmo que no es el nuestro”

Pero como él también tiraba (yo creo que como Diego y yo, para por lo menos estar a rebufo de alguien) pues tirábamos nosotros también.

Más adelante nos descolgaríamos del grupo y todavía más adelante nos acordaríamos de estos sprints

Diego y Alfredo llevaban un ritmo que yo no podía seguir así que me desanime un poco durante los siguientes kilómetros.

Ya llevábamos 100 km cuando decidí sacar mi último cartucho meterme un gel de los dos que me quedaban entre pecho y espalda, sorbo de isotónico, 2 pastillas de sal, gominolas de cafeína y a pedalear.

En algún momento supere a Alfredo y Diego y me crecí aprovechando el subidón provocado por el ya patentado “Cóctel Siena” (que está compuesto por todo lo que lleves encima y un poco de isotónico) y me puse a tirar.

En esta tesitura llegamos al km 104.

Vamos a ver, hay varios tipos de cuestas que en mi humilde e ignorante lenguaje del mundo de la bici y de forma que yo lo entienda:

  • Repecho: Una cuesta pronunciada con final feliz.
  • Cuesta “easy”: Cuesta de ir levantando el culo. Llamadlo como queráis.

Pues ese día añadí dos tipos de cuestas más.

La primera la podemos bautizar como cuesta tipo “Ostia puta”. Recuerdo que todavía sintiendo en mí los efectos del “Cóctel Siena” que llevaba encima me costó los suyo pero la superamos los tres sin problema.

Pero al girar hacia la derecha, arriba del todo casi unos 100 grados y tapado por los arboles de alrededor…

¡OSTIA PUTA! Otra igual.

 

Strade Bianche Italia

 

Como testimonio de este momento, quedará siempre la foto bautizada como “La foto de las eses” que es la que puedes ver arriba de todo de esta entrada. Y es que comencé a hacer eses al subir la cuesta igual que Alfredo y Diego que en ese momento rodaban detrás mía.

Pues esta sería la última “Gran Cuesta” que completaría entera, ya que en medio de un tramo ascendente de tierra y gravilla, ya casi al final de la cuesta me pasaría algo que es nuevo para mí.

Calambres en los cuádriceps que no me dejaron dar ni una pedalada más.

Con reflejos suficientes debido a haberme caído más de una vez al no poder sacar el pedal a tiempo, conseguí poner un pie a tierra para bajarme de la bici y ver lo que me estaba pasando.

Alfredo y Diego pararon un poco más adelante que yo pero también bajaron para empujar la bici hasta llegar a lo alto de esta cuesta de categoría 2 de la nueva categoría de cuestas OSTIA PUTA.

Mis cuádriceps habían muerto, estaban encogidos a más no poder y me llevó unos segundos recuperarlos pero el daño estaba hecho. Mentalmente estaba ya deseando terminar.

En este momento, al intentar cambiar del plato pequeño al grande sufro el que sería mi único percance mecánico durante toda la carrera y es que no me cambia de plato.

En este aspecto, estoy más que agradecido a Ángel por su consejo de montar las cubiertas de 25 mm que todos utilizamos con gran éxito ya que no sufrimos ni un solo pinchazo durante los 130 km de carrera (este es el modelo).

Yo me quejaba y maldecía por no poder cambiar y Alfredo decía;

“Pero para qué quieres el plato grande si mira las cuestas que nos estamos comiendo”.

Una montaña rusa era eso.

En el último avituallamiento todos habíamos rociado con agua la cadena y los platos para quitar todo el barro posible pero en este momento ya no había nada que pudiera cambiar eso.

Por suerte se quedó en el plato pequeño ya que si no habría tenido que parar y cortar el cable de cambio que va al desviador delantero.

La bici volvería a cambiar de plato ya en Zúrich después de varias duchas de agua caliente, un poco de paciencia y limpieza.

 

Strade Bianche Siena

 

Las fuerzas estaban más que justas para llegar a Siena, cuando vimos algo que nos dio la vida a los tres. Un cartel que te daba la bienvenida a SIENA.

 

¡Qué gozada, qué momento!

 

Sobre la entrada a Siena, decir que la ciudad está en lo alto de una colina y su acceso por Vía Santa Caterina está más que documentado en numerosos vídeos que me había aprendido casi de memoria.

Siempre me había imaginado subiendo de manera triunfal pero la realidad tenía otros planes.

Al girar una curva de 90 grados nos encontramos con una subida OSTIA PUTA Categoría Especial pero más por orgullo que otra cosa conseguí subir hasta arriba donde Diego y Alfredo me esperaban.

Pensando que esto estaba ya en sus metros finales, tenemos que afrontar una bajada increíblemente empinada de las que tienes que poner el culo muy hacia atrás para encontrarnos, con gran asombro, un letrero que marcaba la salida de Siena.

Aquí ya la Strade Bianche estaba minado nuestras mentes hasta el final.

Desee no haber gastado todas mis balas y haberme guardado algo de comida o sal para el final. El único gel que llevaba encima estaba perdido por alguno de mis bolsillos y no lo encontraba.

Lo único que me quedaba era un paquete con 3 chicles así que, ¡venga!, todos para adentro con un sorbo de la poca agua que me quedaba.

Llegamos juntos a la entrada de Siena (casco antiguo) y pienso que ninguno tenía claro poder subir Via Santa Caterina hasta arriba.

Yo desde luego NO.

Alfredo y Diego lo consiguieron. En cuanto a mí, la moral, mis piernas y un pinchazo de nuevo en los cuádriceps hicieron que me bajara de la bici a mitad de cuesta.

Con mucho honor y poca vergüenza después de haber sobrevivido a aquello, llegue arriba donde una vez más Diego y Alfredo aguardaban para entrar juntos.

Para el recuerdo queda que entramos menos de 5 minutos antes del corte con lo cual era para estar contentos después de todo lo vivido.

 

Clasicas de primavera

 

Nada más cruzar la línea de meta y todavía llenos de barro, aseguré que no volvería a hacer la Strade Bianche de nuevo, que ninguno de los tres repetiríamos con Carlos al año que viene.

Pero tengo que reconocer que al final, con el tiempo todos hemos cambiado nuestro parecer y tenemos algo dentro que nos pide ir otra vez más y demostrarnos que podemos hacerlo mejor.

Sea cual sea el resultado final, un fin de semana con amigos, las risas y el marisco con R no tiene precio.

“Así que STRADE BIANCHE 2018, allí estaremos”.

 

Cicloturista

 


Y hasta aquí llega la historia de Aitor con Siena.

Quiero darle mil gracias por esta crónica que me trae muy buenos recuerdos de un fin de semana inolvidable.

Os dejo un enlace a su cuenta de instagram en donde se harta de recibir “likes” cada vez que publica una foto.

 


Esta crónica forma parte de la trilogía dedicada a la Strade Bianche Gran Fondo formada también por estas otras entradas:

Si te gusta, compártelo!

Strade Bianche Gran Fondo 2017 – Alfredo González

Si te gusta, compártelo!

Alfredo Strade Bianche 6

 

Todo comenzó en una inocente conversación de móvil de una anodina tarde de sábado.

Ángel tiraba de galones y no se cansaba de mencionar una detrás de otra, multitud de cimas míticas y pruebas de esas que se conocen como las clásicas de primavera, alguna con mucho renombre y otras no tan conocidas.

Los demás tratábamos de asimilar, leyendo casi en diagonal tal cantidad de información.

Pero de repente dejó caer una proposición que ni la misma bailarina del Whatsapp pudo ignorar.

Enlazó muy sutilmente en una misma frase la toscana Italiana, carreteras llenas de polvo y su furgoneta con sitio para cinco bicicletas.

Así nació esta aventura que al final rozó la épica debido a las condiciones tan duras en las que tuvo lugar. Un sufrimiento de toboganes, barro y agua encajado en medio de 14 horas de viaje.

Al final el tiempo suaviza las sensaciones y apaga los detalles pero estoy seguro de que todos coincidiremos en decir que en estos viajes se disfruta casi tanto en la bici como fuera de ella.

Esta serie de entradas (cada uno de nosotros dará su versión) va exclusivamente dedicada a los integrantes de esa loca excursión a la Toscana Italiana en donde Siena y su Strade Bianche nos puso a cada uno en su sitio.

No es mi objetivo entretener y quiero dar las gracias a Alfredo por su relato que me hace revivir tan vívidamente este épico fin de semana.

 

Leer más

Si te gusta, compártelo!